@el_paisus
9/12/2026
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🔴 Roxana Valladares estaba con su hijo de 6 años en el hospital de Homestead, al suroeste de Miami, cuando en plena madrugada comenzó a empacar. Agarró una manta, una muda de ropa para el niño y una silla plegable de playa. En una hielera puso agua y merienda, y pidió un Uber. A las 4 de la mañana se apostó frente a la corte de inmigración del downtown de Miami para tomar un buen puesto en la fila y poder entrar a su audiencia pasado el mediodía.

Para su sorpresa, ya había gente esperando y marcó como la tercera de la audiencia de la 1 de la tarde. Puso la manta en el suelo sobre la acera, y acostó al niño, que había tenido fiebre y problemas para respirar, y todavía se sentía mal.

“Me dijeron que si no llego [a tiempo a la audiencia], me ponen una orden de deportación”, dice Valladares, una salvadoreña de 29 años, poco después del amanecer, mientras abanica con un pañuelo a su hijo, que duerme entre la muchedumbre que se acumula a las afueras del edificio de la corte de inmigración, junto al río de Miami.

🖋️ Abel Fernández